INTRODUCCION:
La lactancia es una característica sólo de los mamíferos, y constituye la herramienta evolutiva más destacada que permitió a este grupo especial de vertebrados elevarse muy alto en la escala zoológica.
Aproximadamente unos 300 millones de años atrás, dos eventos evolutivos marcaron esta diferencia: la placentación y la aparición de un fluido orgánico especie específico, la leche. El primero, como un órgano destinado al crecimiento y desarrollo fetal y el segundo como el alimento diseñado para las características de la cría independiente de la disponibilidad medioambiental del mismo. Estos sucesos les confirieron a los mamíferos una clara ventaja evolutiva sobre otras especies.
La especie humana no es para nada ajena a este proceso y las características de su fórmula, unidas a la forma en que se administra aseguran el óptimo crecimiento y desarrollo del "cachorro humano".
Composición de la leche materna:
La leche humana es un fluido vivo y cambiante que se adapta a los requerimientos nutricionales e inmunológicos del niño. Modifica su composición en la medida que el niño crece y necesita otros nutrientes y factores de protección. También tiene variaciones a las distintas horas del día, entre cada mamada, en una misma mamada, según la temperatura ambiente, el estado nutricional de la madre, y en muchas otras circunstancias que se investigan. La leche materna y su precursor, el calostro, aseguran la adaptación del neonato a la transición exitosa a la vida postnatal independiente.
El calostro:
El calostro propiamente tal se produce los primeros 3 a 4 días después del parto. Es un líquido amarillento y espeso, de alta densidad y poco volumen. Las cantidades de calostro secretadas varían ampliamente desde 10 a 100 ml/ día, siendo éste suficiente para satisfacer las necesidades del recién nacido. Todas las leches de los mamíferos pasan por esta fase calostral cuya duración es variable en cada especie.
El calostro tiene menor cantidad de lactosa, grasa y vitaminas hidrosolubles que la leche madura, mientras que contiene mayor cantidad de proteínas, vitaminas liposolubles, carotenos y algunos minerales como sodio y zinc. El betacaroteno le confiere el color amarillo y el sodio el sabor ligeramente más salado. Contiene 2,9 g/ 100 ml de grasa, 5,7 g/ 100 ml de lactosa y 2,3 g/ 100 ml de proteínas. Su contenido energético es de 57 Cal/100 ml.
El calostro contiene una gran cantidad de IgA, que junto a la lactoferrina y a una gran cantidad de linfocitos y macrófagos (100.000/mm3), confieren una eficiente protección contra patógenos comunes y sustancias alergénicas.
El calostro es perfecto para las necesidades del recién nacido:
su escaso volumen permite al recién nacido organizar tres funciones separadas y vitales, succión-deglución-respiración en un tríptico funcional.- facilita la eliminación del meconio, disminuyendo la hiperbilirrubinemia neonatal.
- el volumen escaso y la osmolaridad baja son apropiados para un riñón inmaduro que no puede manejar aún grandes volúmenes ni soluciones muy concentradas.
- las inmunoglobulinas tapizan el tubo digestivo previniendo la adherencia de bacterias, virus, parásitos y otros agentes.
- facilita la reproducción del lactobacilo bífido en el lumen intestinal.
- sus antioxidantes protegen del daño oxidativo y la enfermedad hemorrágica.
- los factores de crecimiento presentes estimulan la maduración de los sistemas propios del recién nacido.
El calostro, como la leche que lo sucederá, actúan como un modulador del desarrollo del recién nacido. Diluir sus efectos dando agua, o negarlos dando otras sustancias extrañas al tubo digestivo no puede ser una práctica rutinaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario